El blog de una casa muy especial... en el corazón de la calle más famosa de Madrid

lunes, 6 de octubre de 2014

'Fortuna'

Diego Mazquiarán 'Fortuna'
El torero Diego Mazquiarán, 'Fortuna', vivía, en aquel 23 de enero de 1928, en el número 40 de la calle de Valverde, una casa colindante, por su parte trasera, con Fuencarral 43 (donde estuvo el enorme inmueble con gran patio central que albergó a la famosa empresa de pianos Hazen), lo que quiere decir que está muy próxima, también, al patio (de curiosa forma casi triangular, por cierto) al que dan las cocinas de Fuencarral 39, que es compartido con Valverde 32.

Hago estas precisiones geográficas previas (de las que adjunto detalle gráfico debajo de estas líneas) para resaltar la próxima vecindad del domicilio del matador que saltó a la fama en aquella ya lejana mañana madrileña con la finca que protagoniza este blog.


Valverde 40 y Fuencarral 39
La historia de 'Fortuna' es bien conocida en Madrid y fue muy popular en su momento, a finales de los años veinte del pasado siglo.
Ese frío día de enero, un toro y una vaca se habían escapado del grupo de reses de Luis Hernández que, tras pasar por la inspección sanitaria, iban camino del matadero municipal.
Al parecer, la vaca fue pronto atrapada, pero el toro siguió sus imprevistas correrías por las calles de la capital, sembrando el desconcierto entre los muy asustados transeúntes que se encontraban con una compañía tan infrecuente en pleno centro de Madrid.

El toro hirió gravemente a tres personas en su recorrido desde la cuesta de San Vicente y la plaza de España hasta la plaza de San Ildefonso, en el que se presentó cuando el mercado estaba en pleno apogeo. 
El camino exacto que siguió la desconcertada res lo desconozco, pues, según las diferentes versiones, varía ligeramente, pero lo importante e indiscutible es que acaba saliendo a la Gran Vía, la nueva y elegante avenida, imagen del nuevo Madrid.

'Ángelo', sembrando el pánico en la Gran Vía madrileña












Allí es donde entra en escena Diego, quien paseaba en esos momentos por las inmediaciones del Casino Militar, en la esquina de la Gran Vía con la calle del Clavel. 
Es fácil de imaginar el revuelo con el que se recibió la presencia del bravo astado en un lugar tan concurrido y poco apropiado, así que 'Fortuna' se despoja de su abrigo y comienza su faena más famosa (probablemente, la única de las suyas que ha pasado a la historia del toreo).

'Fortuna' era natural de Sestao y tenía 32 años cuando se vio abocado a una situación tan singular. Dicen que mandó a un chico con un chófer a buscar un estoque a su domicilio, bastante próximo, pues las espadas (o, tal vez, sables) que le ofrecieron desde el Casino Militar no parecían armas apropiada para finiquitar al morlaco.

Es una lástima que las crónicas no cuenten la escena del muchacho reclamando los trastos de matar en la residencia del señor Mazquiarán (también me sorprende que, de paso, no recogiera una muleta, bastante más manejable para ayudarse en la suerte del volapié que el incómodo y aparatoso abrigo), pero, por lo que se lee en periódicos y otras publicaciones de la época, al chico le entregaron el estoque con celeridad y sin pedirle demasiadas explicaciones (lo que no deja de ser asombroso por lo inusual de la situación, salvo que en casa de 'Fortuna', que, según cuentan, era bastante bronquista y tirando a pendenciero, fuese habitual despachar estoques, sin más, a jóvenes desconocidos).

El caso es que el torero, tras una faena de aliño a la que dedicó los veinte minutos reglamentarios (tiempo preciso para que llegase el imprescindible estoque), hizo rodar por los adoquines de la Gran Vía a 'Ángelo' (creo que así se llamaba el toro), al que le colocó una muy eficaz media estocada, seguida de un ya definitivo descabello.

En el centro de la imagen, con abrigo claro, 'Fortuna'











Debemos señalar llegado este punto que si por algo destacaba el diestro de Sestao era por su maestría en el arte del volapié que, según cuentan, era la suerte que mejor ejecutaba.
Las ovaciones y pañuelos al viento de los improvisados espectadores no se hicieron esperar y 'Fortuna' fue fotografiado para la posteridad, aclamado por los presentes y recompensado, después, por las autoridades por su valerosa y desinteresada actuación.
Todo esto sucedió, exactamente, frente a la entrada de lo que hoy es el 'Museo Chicote', a la altura del número 12 de la que entonces se llamaba avenida del Conde de Peñalver, alcalde de Madrid e impulsor del proyecto de la recién estrenada gran calle madrileña.
Por supuesto, salió en hombros de la Gran Vía, siendo trasladado de esta guisa hasta el conocido Café Regina (según algunas fuentes, ya que otras citan el nombre de un café diferente), situado junto al Casino de Madrid, en la cercana calle de Alcalá.

'Fortuna', tras su hazaña en la Gran Vía
Mazquiarán era ya un diestro en declive en esas fechas, pero su popularidad se disparó con su intervención en la Gran Vía madrileña y en octubre de ese mismo año, le fue impuesta la Cruz de Beneficencia por el maestro Nicanor Villalta, en la corrida de la Asociación de la Prensa en la que, además, cortó una oreja. Ese mismo año toreó otras dieciocho corridas, gracias a la fama adquirida en aquella lidia improvisada, que no solo tendría repercusión mediática en España, sino que, asimismo, alcanzaría protagonismo en las portadas de la prensa extranjera (algunas de ellas, con versiones un tanto folclóricas). 

´Fortuna´ había tomado la alternativa de manos de Rafael Sánchez 'El Gallo', en 1916 y había toreado con figuras de primer nivel, como 'Joselito', Juan Belmonte o Ignacio Sánchez Mejías, pero el paso del tiempo y, sobre todo, su carácter difícil le habían ido apartando del buen nivel que mantuvo en sus primeros años como matador. 

Las Ventas en 1929
Sin embargo, su gran hazaña madrileña le permitió ser nada menos que el matador del primer toro ('Hortelano') que se lidió en la plaza de toros de Las Ventas, el 17 de junio de 1931. Curiosa inauguración, por cierto, pues, tras ella, el nuevo coliseo de la capital de España permaneció cerrado durante tres años, hasta que la zona (conocida en esos tiempos como 'Las Ventas del Espíritu Santo') se consideró acondicionada y con la dignidad suficiente para albergar festejos taurinos de la importancia que exigía una plaza del máximo nivel como la que se había construido para sustituir a la antigua de la calle de Goya. La verdad es que los alrededores de la llamada 'Plaza Monumental de las Ventas' dejaban mucho que desear por aquel entonces, estando rodeado el flamante coso taurino de descampados y chabolas, junto al insalubre arroyo del Abroñigal (la actual M-30) y su miserable puente, frecuentado por los cortejos fúnebres que se dirigían al cementerio de la Almudena.

Dos detalles del cartel (Museo Taurino de Madrid) de la corrida de inauguración de la 'Nueva Plaza de Toros de Madrid' (Las Ventas), que tuvo lugar el día 17 de junio de 1931.














Tras su año de gloria, mi vecino 'Fortuna' pronto cayó en picado. Su salud mental no era buena y acabó falleciendo en Lima, el 10 de mayo de 1940, después de haber pasado unos últimos años difíciles, en los que su enfermedad se fue agravando sin remedio. Y allí está enterrado, en un nicho del cementerio Presbítero Matías Maestro. Un triste final para el torero más célebre de la Gran Vía de Madrid.



2 comentarios:

  1. Famosa foto. Supongo que sigue decorando la pared, tras la barra, del Stop, todo un clásico, en Hortaleza esquina Infantas.

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  2. Conmovedora historia,nos muestra la idiosincracia de un pueblo,su cultura y costumbrismo...más allá que etoy en contra de éste deporte.

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