El blog de una casa muy especial... en el corazón de la calle más famosa de Madrid
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viernes, 7 de octubre de 2016

Hitchcock


Solo era cuestión de tiempo. Tarde o temprano, el mago del suspense tenía que darse una vuelta por la calle de Fuencarral.
Lo ha hecho, de la mano de Espacio Fundación Telefónica, con una interesante exposición en su sala de Fuencarral 3, donde le precedieron otros notables, como Julio Verne o Jim Campbell.
Bajo el título 'Más allá del suspense', se nos presenta un recorrido por una buena parte del trabajo cinematográfico de Alfred Hitchcock, en un interesante y cuidado montaje, en el que destaca el análisis de algunos aspectos técnicos de su obra, sin descuidar en absoluto la puesta en escena, con una estética muy especial que resalta la personalidad y los gustos personales del autor.



Todo ello, envuelto en un ambiente 'de cine', siempre dentro del universo particular de este gran director, probablemente el más reconocible de todos los tiempos.

Grabando en la instalación de 'Los pájaros'














La exposición (dicen que es la primera realizada en España sobre él) recoge aspectos muy diversos de su filmografía, desde la explicación de algunos de sus trucos visuales hasta fotogramas ampliados y minisecuencias de algunas de sus películas más recordadas, como 'Los pájaros', 'Vértigo', 'Psicosis' o 'La ventana indiscreta'.

Grace Kelly en 'La ventana indiscreta'









Vigilando la exposición



Pero todavía hay mucho más, empezando por los letreros que dan paso a las distintas salas, con su aspecto de carteleras luminosas de cines de mediados del siglo XX, y siguiendo con los vestidos que lucieron Grace Kelly y Kim Novak, así como algunos carteles originales.

El diseño de la exhibición es muy atractivo y bien integrado en la iconografía de Hitchcock, lo que hace más interesante el recorrido por las distintas salas, en las que siempre encontramos imágenes potentes que nos sumergen en la memoria que todos conservamos de sus películas.

Rodaje de 'Los pájaros'


Tengo la seguridad de que él hubiese disfrutado rodando en la calle de Fuencarral, tal vez rodando una escena en la que Kim Novak fingiese un ataque de vértigo en lo más alto de la Telefónica o una persecución con Cary Grant saltando por los tejados hasta descolgarse por la fachada interior del gran caserón del número 43 para despistar a sus perseguidores, escondiéndose entre los boxeadores que entrenaban en su famoso gimnasio o disfrazado de pianista en la tienda de Hazen.

'Marnie, la ladrona'






Tendremos que conformarnos con tenerle, de forma póstuma, entre nosotros, acompañado, eso sí, de una Grace Kelly cuya mirada ilumina la oscuridad protectora que envuelve a una exposición que ningún amante del cine debe perderse. Y, menos aún, estando en la calle más extraordinaria de Madrid.


Grace Kelly y Cary Grant en 'Atrapa a un ladrón'








martes, 19 de julio de 2016

El Tribunal de Cuentas del Reino

Junto con los de la Telefónica y el Hospicio de San Fernando, el del Tribunal de Cuentas del Reino es uno de los tres grandes edificios de la calle de Fuencarral. 

Edificio del Tribunal de Cuentas del Reino (Fuencarral, 81)








Está situado frente al viejo Hospicio (hoy Museo de Historia de Madrid) y da nombre a la estación de Metro cuya entrada original, que da acceso directo a la línea 1 (todavía en servicio, aunque hay otra, más reciente, en la esquina de Barceló, por la que se baja a las líneas 1 y 10), se encuentra junto a su puerta principal.

Dando nombre a una estación de la línea 1 del Metro de Madrid 




El solar que hoy ocupa este gran edificio es el señalado con el número 350 en la Planimetría General de Madrid y, según cuentan las crónicas, formó parte, en su día, de la que fuera famosa quinta del conde de Vocinguerra de Arcos, en la que dicen se conspiraba contra Felipe II y a favor de su hijo, el misterioso y malogrado príncipe Carlos.

En cualquier caso, eso fue cuando esta zona estaba muy alejada del centro y, desde luego, antes de los registros de las diversas y sucesivas propiedades que constan de la manzana 350. Una lista interesante de nombres y oficios, entre los que llama la atención que el Monasterio de El Escorial fuera, por algún tiempo uno de los nombres más repetidos, ya que llegó a ser el propietario de casi todas las viviendas de este bloque.

Detalle del documento manuscrito de Luis María Prado (1869)
En el plano que aquí se publica, vemos que hay dos casas en la manzana (con varios 'sitios' cada una -ocho y dos, respectivamente-, como muy bien explica Luis María Prado en su trabajo autógrafo de 1869, en el que detalla las sucesivas transacciones de todas ellas al lo largo de los años, nada menos que desde 1611) y ambas fueron adquiridas, sucesivamente (1770-71) por el conde de Aranda, Pedro Pablo Abarca de Bolea, secretario de estado de Carlos III, hombre ilustrado y de gran importancia en su reinado. 

Manzana 350 (Planimetría General de Madrid)





El conde de Aranda hizo construir allí una casa-palacio, de la que solo hemos conseguido un alzado de la ampliación realizada en la fachada posterior (Corredera Alta de San Pablo), firmada por Ramón Durán, en 1788 y con el visto bueno de Juan de Villanueva (otra fuente da la fecha de 1779, sin duda equivocada, ya que en el documento reproducido y guardado en el Archivo de la Villa de Madrid, firmado por el mayordomo del conde, aparece manuscrita la fecha '27 de marzo de 1788'). 

Ampliación de la fachada posterior de la casa del conde de Aranda (Ramón Durán)


Hay que suponer que su diseño seguía el estilo del resto del edificio. En el excelente y bien documentado trabajo de Mª Teresa Fernández Talaya (al que hemos tenido acceso gracias a la muy amable y eficaz colaboración de la bibliotecaria del Tribunal de Cuentas, Dª. Isabel Urzáiz), encontramos la descripción detallada de la casa, según consta en su escritura:





Basándonos en la documentación existente, hemos realizado un dibujo de la fachada del palacio que miraba a la calle de Fuencarral. Creemos que es una buena representación de su aspecto, teniendo en cuenta los muy limitados datos de los que se dispone. Este alzado de la fachada oriental del palacio del conde de Aranda es, hoy por hoy, la mejor aproximación que se puede tener de cómo se vería el edificio desde el Hospicio de San Fernando:


Ya en 1815, unos cuantos años después de la muerte del conde, sus herederos venden la finca al rey Fernando VII, quien la convierte en cuartel de la Guardia Walona.

En la impresionante maqueta de Madrid de León Gil de Palacio (1830) podemos ver muy bien el aspecto del inmueble (suponemos que cuando ya había sido convertido en cuartel, aunque se puede observar, con claridad, la similitud de las fachadas con la dibujada por el arquitecto Ramón Durán en 1788).

La manzana 350 en 1930, según la maqueta de León Gil de Palacio















El edificio sufre un incendio en 1835 y nueve años más tarde, en 1844, se rehabilita y destina a sede de un batallón de Ingenieros, arma que apenas lo ocupa, ya que ese mismo año se trasladan a otro local y el cuartel queda para la Guardia de la Reina.
El progresivo deterioro del edificio hace que sea abandonado y permanezca en estado ruinoso durante varios años. En 1857, un documento interno del Ayuntamiento de Madrid dice que "... el cuartel llamado del Hospicio se halla ruinoso y en su interior no existe nada, únicamente quedan en pie las tapias y con peligro de derrumbarse con las lluvias, por lo cual piden permiso para derribarlo". Y, otro, añade que "... este lugar se halla situado cerca de una de las puertas más importantes que dan entrada a la capital, y está sirviendo de albergue a malhechores por razón de los sótanos descubiertos que en él existen, todo lo cual exige se fije en él la atención de la Corporación Municipal por el bien del ornato público y la seguridad ciudadana".
Así, tras algún intento fallido de permuta de solares, es incautado por el Ministerio de Hacienda y sobre él se comienza a edificar en 1860 la nueva sede del Tribunal de Cuentas del Reino.

Un bonito grabado de la época, en el que vemos el edificio recién terminado


Francisco Jareño y Alarcón es el arquitecto designado para construirlo. Jareño, autor, entre otras obras, de la Biblioteca Nacional y la desaparecida Casa de la Moneda, proyecta y realiza un imponente edificio neoclásico, de gran sobriedad, estrictamente ajustado a las alineaciones de las cuatro calles colindantes (Fuencarral, Palma, Corredera Alta de San Pablo y San Vicente Ferrer), cuya forma trapezoidal se absorbe mediante un patio central de planta similar a la del solar.

El aspecto inicial aligeraba su gran solidez con una elegante cornisa que remataba las fachadas de ladrillo y sillería de granito. Por desgracia, en algún momento del pasado siglo XX, se tomó la lamentable decisión de añadir un piso superior que afea, de forma notable, la silueta de un edificio tan importante cuyo privilegiado emplazamiento frente al Hospicio de Ribera compone un conjunto singular, de gran valor arquitectónico y especial significado histórico no solo para la calle de Fuencarral, sino para la la propia capital de España.

El edificio en su estado actual (izquierda) y tal como fue diseñado y construido por Jareño (derecha)






















Bajo la cornisa, existen unos pequeños 'ojos de buey' que, en el edificio original, servían de luminarias a las buhardillas.
Desde estas ventanas circulares se observa una curiosa vista de Madrid, tal como podemos ver en la fotografía realizada desde una de las salas de la biblioteca del Tribunal de Cuentas.


sábado, 16 de enero de 2016

Mis fotos de Fuencarral II

Para mí, la calle de Fuencarral es fuente permanente de inspiración. Y desde el punto de vista fotográfico, también.
Muchas de las fotos que utilizo para ilustrar mis artículos las he tomado aquí y, en otras ocasiones, ha sido la propia instantánea obtenida la que me ha servido de punto de partida para lo escrito.
Como todos los seguidores de este blog saben, Fuencarral es una calle cósmica (que diría Dalí) y, por ello, surgen al paso de cualquiera por ella múltiples oportunidades de obtener un resultado memorable con la cámara. A veces, es algo que nos encontramos en el suelo, otras, a nuestro lado y tampoco faltan las que aparecen cuando levantamos la vista y miramos al cielo.
Y ya que hemos empezado con una referencia al genial Salvador Dalí, utilizaremos este retrato suyo callejero, realizado junto a uno de los primeros números de la calle el día de Navidad de 2015 por dos jóvenes artistas que frecuentan el barrio, para abrir la serie.









Muy cerca del lugar en el que fue tomada la anterior fotografía, justo entrando en Fuencarral desde la Gran Vía, decidimos mirar hacia este cielo blanco, enmarcado por la perspectiva de los bonitos edificios que flanquean el comienzo de la calle.














Una calle (y seguimos, de momento, con el blanco y negro) que suele convertirse con frecuencia en una marea humana, tal como sucede en este contraluz en el que vemos, a nuestra derecha, la esquina de San Onofre (justo donde durante tantos años estuvo la célebre peletería del mismo nombre). Al fondo, entre los árboles, la Red de San Luis.







































Y como las esquinas me gustan mucho, he aquí una de mis favoritas: la de Augusto Figueroa, frente a la vieja capilla de Nuestra Señora de la Soledad que, en su día, cuando este tramo era aún camino de salida de la villa, fue un conocido humilladero en el que muchos viajeros paraban a rezar a una Virgen María que fue el origen del nombre primitivo de la calle que de allí partía en dirección a la salida del sol.
El balcón del primer piso pertenecía a un pequeño colegio al que mis padres me llevaron durante algún tiempo, apenas cumplí los tres años.











Sin marcharnos de esa misma esquina podemos disfrutar del curioso efecto que una noche de lluvia produce sobre las luces navideñas que adornan la calle de Fuencarral, creando una nueva estrella (sin duda, más colorista que la que hace algo más de dos mil años vieron los Magos de Oriente en su camino hacia Belén). Esta foto fue la que me inspiró el relato titulado 'Siete de enero, martes'.











La Navidad, por cierto, siempre ha contado con luces especiales en nuestra calle, pero no recuerdo ningún otro año en el que la noche de los días 24 y 25 haya tenido una iluminación complementaria tan especial como la luna llena que nos brindó 2016, brillante y poderosa en un cielo sin nubes. Fue un regalo inesperado que, combinado con el gran guardián que protege la entrada de Fuencarral y los azules del 'árbol' de la Red de San Luis, nos ayudó a conseguir un efecto inusual y un tanto dramático.











Pero aparte de grandes edificios y efectos singulares, en Fuencarral nos encontramos con frecuencia pequeños rincones que presentan situaciones efímeras, dignas de ser recogidas sobre la marcha, ya que serán fugaces e irrepetibles. Un buen ejemplo es el que nos ofrece este espejo roto, temporalmente abandonado junto al único edificio en construcción del primer tramo de la calle.
Ese ojo pintado con cuatro trazos, que mira lo que se refleja en el espejo cuarteado, parece desaprobar la huella de los dos besos femeninos plantados sobre el cristal resquebrajado. Todo un editorial a desarrollar acerca del significado de esta imagen...





Como no todo van a ser fotos inquietantes, he aquí una mucho más amable. Se trata de la renovada fachada de azulejos del número 41, una casa ilustre ya que en ella estuvo el estudio del celebérrimo Arturo Pardos Batiste, Duque de Gastronia (sobre quien ya se ha publicado un artículo en este blog). Y en uno de sus locales comerciales, mi juguetería preferida (con permiso del Bazar Matey, claro): la inigualable Fraguío.
La fachada, recién restaurada es, desde luego, excepcional.




Y cerramos la serie con una imagen que no es de Fuencarral, sino del número 8 de la calle (no plaza) de Santa Bárbara. Una fontanería que, en cuanto nos descuidemos, desaparecerá para siempre y que es un símbolo del comercio tradicional de la zona (quedan muy pocos de este carácter y belleza). Este vidriero-fontanero, con su bellísima fachada casi intacta, es una verdadera rara avis en el barrio y su ubicación es tan próxima a la calle de Fuencarral (apenas cincuenta metros), que tiene méritos más que sobrados para aparecer en esta selección de fotografías realizadas con mi modesta Canon Ixus 95 15, compañera infatigable de mis andanzas madrileñas y viajeras.






























Nueve momentos de Fuencarral, capturados para el recuerdo...

jueves, 19 de noviembre de 2015

De la 'Ceca' a la 'Meca' (Almacenes Eleuterio)

Impagable anuncio, dibujado por Bellón (1934), en el
que podemos ver como uno de los personajes lleva
un cartel de CECA (Luna 11 y Avenida de la Libertad
40, que era el nombre oficial de la vieja carretera de
Irún, en el todavía barrio del municipio de Chamartín
de la Rosa -no de Madrid-, Tetuán de las Victorias). 
La historia de los Almacenes Eleuterio es más interesante de lo que la memoria popular atribuye a esta importante empresa familiar, tan vinculada durante una buena parte del siglo XX a la calle de Fuencarral.

Eleuterio Martínez Rubio inauguró los almacenes que llevaban su nombre de pila, el día 30 de diciembre de 1922. Estaban situados en el número 18, en la esquina con la calle Infantas. Pronto cambiaría su numeración al 14, como consecuencia de la construcción de la Gran Vía. La tienda ocupaba, aproximadamente, tres mil metros cuadrados, repartidos en varias plantas, dedicadas a la venta de tejidos, confecciones, muebles, alfombras, tapicería y ropa del hogar.
Pero no era el primer local que Eleuterio tenía en Madrid, ya que el 11 de enero de 1909 había abierto sus Almacenes CECA en Luna 11, ocupando el sitio en los bajos del desaparecido palacio de Monistrol que fuera del famosísimo Café de la Luna. Y, para que no hubiese duda alguna, así lo indicaban en sus anuncios de prensa.

Almacenes CECA, en Luna 11
(Palacio de Monistrol)




Al parecer, Eleuterio Martínez, nacido en 1865, había comenzado con otro modesto comercio anterior, junto a su esposa, Antonia Torregrosa y, a medida que el negocio familiar fue prosperando, abrieron nuevas y mejores tiendas. Debió ser el que en el popular barrio de Tetuán de las Victorias mantuvieron durante muchos años en Bravo Murillo 262 (antes Avenida del Generalísimo 40 -en la posguerra- y Avenida de la Libertad 40 -preguerra-, cuando Tetuán no pertenecía a Madrid, sino a Chamartín de la Rosa). 
En este mismo lugar inaugura, el 18 de abril de 1947, un moderno garaje (también bajo la marca CECA), obra del insigne arquitecto Luis Gutiérrez Soto. El mismo día, se anuncia la ampliación de los almacenes, con nuevas secciones de ferretería, cristalería y accesorios para automóviles.

El espectacular luminoso de Eleuterio, enmarcado 
por las desaparecidas torres de la casa Murga, en
la Red de San Luis, en el que se anuncian las
tiendas de Fuencarral 18 y Luna 11. A la izquierda,
una recién terminada Telefónica (¿1929?¿1030?).

Pese a todo, la tienda de Fuencarral, que llegaría a tener unos cincuenta empleados, seguía siendo la más importante de la organización y la única que mantenía un nombre diferente, el de su dueño: Eleuterio. De esa preponderancia comercial, nació su apelativo de 'Meca', creado, con la intención de enfatizar el hecho, con el habitual gracejo madrileño, diciendo que Eleuterio se había ido de la Ceca a la Meca. Y su clientela, también. 
Un juego de palabras acertadísimo, propio de un publicitario antecesor de mi buen amigo, el gran Ricardo Pérez ('El que sabe, Saba', 'Calvo, claro' o 'Voy a comer con Don Simón').

El palacio de Monistrol fue demolido en 1969 para dejar paso a ese descalabro urbanístico llamado plaza de Soledad Torres Acosta, por lo que los almacenes de la calle de la Luna desaparecieron del panorama madrileño sin dejar ni rastro. Menos mal que queda alguna foto que acredita su existencia.

Revista Crónica, mayo 1935



Mientras tanto, los Almacenes Eleuterio de la calle de Fuencarral habían ido creciendo en fama y popularidad, impulsados por el empuje de una calle de creciente desarrollo comercial. En los años treinta del siglo pasado, sus promociones comerciales (como los 'Seis días de Eleuterio con cuatro precios') fueron iniciativas de éxito y la prosperidad de la tienda se reflejaba en su actividad publicitaria de los años anteriores a la Guerra Civil.
En esa época, el hijo pequeño de Eleuterio Martínez Rubio (que había heredado el nombre de su padre y se presentaba como 'Eleuterio, hijo') se había convertido en el diseñador de referencia de la casa y en los anuncios de los almacenes se decía, sin pudor: 'Señora: no vestirá bien si no la viste Eleuterio, hijo'.
Parece que, al menos,él y su hermano Alejandro Martínez Torregrosa fueron continuadores del negocio familiar, ya que no nos consta que sus otros dos hermanos (Victoria y Antonio) participasen activamente en la empresa, aunque es probable.

No recuerdo la fecha en la que los Almacenes Eleuterio cerraron, definitivamente, sus puertas, pero debió ser en los años ochenta, los peores de la calle. El dato que nos consta es el que figura en la esquela de Alejandro, fallecido el 15 de enero de 1984, que menciona al personal de los Almacenes Eleuterio y no hace referencia a los CECA (lo que nos hace suponer que ya habían desaparecido, puesto que en obituarios anteriores siempre se nombraban ambas razones sociales).

Elegantes camisones de lunares, en un anuncio de prensa en el que, bajo la marca 'Eleuterio' también se incluye la dirección de Luna 11 (y en el que el número de la calle de Fuencarral todavía era el 18, lo que indica que, probablemente, es de finales de los años veinte o principio de los treinta).

La página de la derecha, obtenida de la hemeroteca de ABC (17 de abril de 1947), anuncia la apertura del garaje de 'Avenida Generalísimo Franco 40' (Tetuán de las Victorias), nueva actividad emprendida por la 'Organización Eleuterio Martínez'.






Yo nunca conseguí comprar nada en Eleuterio. Tampoco en San Mateo. Y creo que solo una vez en Mazón. Así que no fui un gran cliente de ninguno de los tres grandes almacenes de la calle de Fuencarral. Claro que, en mi descargo, hay que decir que sí lo intenté varias veces... pero ninguno de ellos trabajaba el 'género' que a mí me atraía en aquellos años infantiles y juveniles que, por el contrario, se ofrecía en dosis inalcanzables en la juguetería Fraguío, El Pensamiento y el Bazar Matey. Es lo único que recrimino (cariñosamente, claro) a 'Eleuterio, hijo': su empeño en recrear los elegantes vestidos de las estrellas de Hollywood para que los lucieran las participantes en el concurso de Miss España 1935, en vez de haber abierto una buena sección especializada en figuras de Reamsa, juegos Crone y trenes eléctricos Märklín...

Algún defecto tenía que tener esa familia, unida por más de sesenta años a la calle de Fuencarral y (a pesar de la ausencia de juguetes en sus almacenes) tan digna de admiración, respeto y cariño por quienes seguimos sintiéndola como nuestra.

















martes, 20 de octubre de 2015

La fuente de la Fama


Que la fama es efímera, todos lo sabemos (aunque es cierto que hay quien lo olvida con frecuencia). Tal vez por eso Madrid no ha querido que esta magnífica fuente de Pedro Ribera haya permanecido inmóvil, a través de los siglos, en su emplazamiento original...

El caso es que la fuente, construida por mandato del rey Felipe V (pero pagada por el pueblo de Madrid), se inauguró en el año de 1732 en la plaza de Antón Martín. Allí estuvo una buena temporada, concretamente hasta 1879, fecha en la que fue desmontada y guardada en los almacenes de la Villa hasta su reconstrucción por Ángel García y José Loute, en 1909, para su traslado al paseo de Camoens, en el parque del Oeste, donde nos consta que ya estaba situada en 1913.

La fuente, que tuvo, además de su función ornamental, la de abastecimiento de agua para la villa de Madrid, es del más puro estilo churrigueresco, es decir, un barroco de recargada ornamentación en el que era un maestro Pedro Ribera, tan discutido en su tiempo como celebrado posteriormente, algo que no debe extrañar a nadie por ser casi consustancial con los movimientos artísticos aparecidos a lo largo de la historia de la humanidad.

Ribera la hizo, como fue habitual en muchos de sus trabajos, de granito, combinado con piedra de Colmenar en las esculturas.
Adornada por cuatro grandes delfines mitológicos (de  parecido lejano con los reales) y sendos niños portadores de conchas invertidas sobre sus cabezas, está coronada por una airosa escultura que representa una Fama alada de Juan Bautista, muy similar a la que, años más tarde, esculpiría el portugués Cayetano da Costa para presidir la portada principal de la antigua Fábrica de Tabacos de Sevilla. 
Cierto es, sin embargo, que la obra de Bautista es algo menos garbosa en su postura que la sevillana (lo que parece acorde, en cualquier caso, con la idiosincrasia de una y otra ciudad).


La Fama, obra de Juan Bautista

Pues bien, la fuente, tras una corta estancia en su segunda ubicación (hasta 1926), fue, de nuevo, desmontada y recolocada en una zona bien céntrica de Madrid. Precisamente, en la calle de Fuencarral, en la parte posterior del viejo Hospicio de San Fernando, en los desaparecidos jardines del Arquitecto Ribera de la plaza de Barceló, trabajo que fue encomendado a Luis Bellido quien, por aquel entonces, ostentaba el cargo de arquitecto municipal.
Pero durante la guerra civil española fue, otra vez, desmantelada para su protección, no volviendo a su emplazamiento junto a lo que entonces era Museo Municipal de Madrid hasta 1941.
No recuerdo bien cómo estaba situada la fuente en un espacio abierto que vivió épocas complicadas y no muy respetuosas con el patrimonio colectivo, pero hoy se encuentra recluida en un recinto vallado que ofrece una visibilidad limitada y es poco representativo para lo que merece. Eso sí, al menos, está intacta y a salvo de esos vandalismos descontrolados que, por desgracia, siguen siendo habituales en aquellas grandes ciudades en las que la ignorancia, y la barbarie dominan, en la práctica, sobre el respeto a la cultura.

La fuente, en su ubicación actual
Toda la plaza de Barceló está pendiente de remodelación, tras la puesta en marcha del nuevo edificio del mercado (sobre el que evito pronunciarme, de forma intencionada), por lo que habrá que esperar al resultado final y, lo que aún es más importante, a su conservación futura. Puede que una buena solución fuese permitir el acceso a este nuevo patio posterior, creado en el Museo de Historia de Madrid (a través, claro está, de su entrada principal y como parte de la visita a sus instalaciones) y, a ser posible, con la fuente en funcionamiento, ya que su estética y belleza quedan muy mermadas en ausencia del agua para cuyo disfrute público fue concebida. 
Tal vez, el momento oportuno para hacerlo sea cuando estén terminadas las obras de restauración de la capilla que, también, merece ser visitada.

En cualquier caso, parece sensato (aunque sea muy triste) dar prioridad a la seguridad de la fuente sobre la libertad de su observación desde una perspectiva más próxima y completa. 
Ojalá lleguemos a ver el día en el que madrileños y visitantes podamos acercarnos a ella, de nuevo, sin temer por la integridad de sus centenarias piedras.